Foto: Nataly Rodríguez
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¿Alguna vez has experimentado estar a solas contigo? Esta es una práctica a la que no muchas personas dedican tiempo y espacio. Desde antes del nacimiento, la sociedad parece tener preparada para cada quien una especie de equipaje con todo lo que debe gustarle y lo que no, lo que debe hacer y lo que no. Todo con base en los estereotipos impuestos, lo que “se debe cumplir”; estas situaciones pueden variar en torno al tema, el contexto, la religión y la educación familiar.

Los padres y madres suelen ocuparse en educar a sus hijos en valores sociales, estéticos, materiales, éticos, políticos, religiosos…, soñando con que algún día el hijo o la hija cumpla con las cosas que ellos no pudieron realizar, ya fuera porque no tuvieron las oportunidades, las condiciones favorables u otros posibles impedimentos. Por estas y otras razones, ponen todas sus esperanzas en lo que puedan hacer sus hijos por ellos, especialmente como una especie de seguro de vida para la ancianidad.

Siendo fieles a esta formación, muchas veces los y las jóvenes se sienten comprometidos/as y casi obligados/as a cumplir el sueño de sus progenitores; por eso terminan estudiando la carrera que soñaban ellos y que no pudieron alcanzar, tomando el empleo que les han gestionado, construyendo su propia familia a la medida de los intereses y necesidades de sus padres y terminan uniéndose en matrimonio con la pareja que a ellos les convenga… y así muchos otros tópicos más.

Sin embargo, algunos jóvenes son más arriesgados, tienen un espíritu más libre y son capaces de decidir por sí solos lo que les gusta y lo que quieren ser y hacer con su talento, con sus capacidades, con sus oportunidades, en fin, con su propia vida al encargarse de su presente y su futuro; aunque puedan parecer rebeldes o revolucionarios frente a los demás, los del montón, que se limitan a seguir la línea trazada o a recorrer el camino que ya otros han hecho, sin darse la oportunidad de construir su propio destino y conquistarlo.

Llegar a ese punto de ser capaces de tomar sus propias decisiones puede ser una habilidad que solo algunos/as desarrollen por iniciativa propia o por la realidad de su contexto que les exige emprender su propio camino; otros, tal vez tienen el privilegio de contar con alguien que les acompañe en ese proceso, de manera que esto les sirve de apoyo y les da la oportunidad de conocerse, trabajar en sí mismos y dedicarse a lo que realmente quieren ser y hacer en pos de su realización personal.

¿A caso has estado contigo mismo o contigo misma? ¿Has experimentado esa sensación de estar a solas contigo? No nos referimos a la soledad pura y simple, sino a tratar de experimentar esa sensación de quietud, calma y armonía que solo puede brindar la soledad intencionada y buscada de manera consciente para propiciar un encuentro pleno con el propio ser que nos habita.

Para algunas personas tal vez pueda parecer extraño, difícil o hasta inexplicable la necesidad de estar a solas consigo mismo y consigo misma, ya que la cultura del ruido en la que nacemos, crecemos y nos desarrollamos (especialmente los dominicanos) no ayudan a buscar el tiempo y el espacio favorables para estar a solas con el ser individual que somos.

En este sentido, puede resultar de gran ayuda irse a algún lugar que posibilite llenarse de paz, renovación y plenitud; un espacio o ambiente que permita y ayude a escucharse por dentro, sentir lo que pasa en el corazón a través de sus latidos, desconectarse de lo que pasa por la mente, al menos por un tiempo breve y así silenciar todo el cuerpo.

Pero, ¿qué se puede hacer si no se cuenta con un espacio abierto al aire libre o apartado de los ruidos del ambiente o si no se tiene el ánimo y la motivación suficiente para salir de la casa? Bien se pueden elegir las horas en que las demás personas estén ausentes o dormidas para propiciar estos encuentros con la propia interioridad. Aquí las mejores aliadas pueden ser la creatividad y la imaginación ¡Encontrar ese potencial y ponerlo en ejecución serán la motivación para hacerlo!

En este mundo tan turbulento y que cada día va más rápido, es urgente hacer consciencia de los beneficios que se obtienen al dedicar tiempo al cultivo de la interioridad para un crecimiento personal integral; es saludable y muy necesario hacer, de vez en cuando, una desconexión que permita a la persona reconectar con sus sentimientos, en armonía con lo que le rodea, porque, en definitiva, solo puede y sabe estar bien con los demás quien puede y sabe estar bien consigo mismo.

¿Te animas a estar contigo? Es un regalo que mereces y puedes hacerlo a tu propio ritmo y estilo.

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