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En algunas culturas es común la creencia de que las personas tienen la suficiente madurez, capacidad y entendimiento a los 25 años de edad y, por ende, están listas para asumir responsabilidades matrimoniales, mayores, por así decirlo. Pero no necesariamente es así.

La vida de los seres humanos debe transcurrir en varias etapas que les dan las experiencias necesarias para desarrollarse. Pero, ¿estamos listos/as para casarnos a los 25? ¿Tenemos la capacidad para enfrentar esta nueva etapa, o más bien, este nuevo estado? ¿Por qué sí? ¿Por qué no? Lo cierto es que cuando las/os jóvenes tienen cierta edad y todavía están solteros/as, se escuchan comentarios y preguntas como: «¿cuándo piensas casarte?». «Debes tener tus hijos temprano». «¿Piensas quedarte jamona?». Sin embargo, muchos/as deciden esperar un poco más de tiempo para casarse, por lo menos hasta haber alcanzado una mejor preparación y logrado una serie de metas que facilitan emprender una nueva experiencia.

Al casarnos después de los 25 existe mayor probabilidad de que hayamos alcanzado los objetivos que nos propusimos: una carrera universitaria, buena posición económica, estatus social… Pero casarnos antes, nos dificulta lograr muchas de las metas por las cuales en un futuro nos reprocharíamos al querer hacer cosas que no hicimos en este tiempo.

Haber vivido algunas experiencias y logrado algunas metas no garantiza que estamos preparados/as para asumir el matrimonio. La disposición de casarnos, comprometernos o vivir en unión libre, es una decisión que cada individuo debe tomar, considerando su realidad y su historia particular. Hemos de contar, además, con la elección de aquel o aquella que va a compartir esa nueva etapa y ese nuevo estado de nuestra vida.

Existen muchas razones por las cuales algunas personas se casan antes de los 25, mientras otras deciden esperar un poco más, hasta encontrar la persona indicada, tener estabilidad económica, terminar sus estudios… o tal vez no casarse ni antes ni después de los 25. Lo cierto es que somos nosotros/as quienes decidimos por qué, cuándo, dónde y con quién casarnos. Cada ser humano es responsable de sus propios actos, de manera que está en la libertad de tomar sus propias decisiones. Por lo que no debe ser la presión social la que nos empuje a tomar una decisión tan importante.

Pero, ojo, no ignoremos la presión social, pues habrá siempre quienes cuestionen nuestras elecciones. Sin embargo, tenemos que tener claro lo que queremos y lo que vamos a decidir para no dejarnos coartar por lo que opinen los demás. Por ejemplo, estamos terminando el bachillerato y nos preguntan: «¿qué vas a estudiar?», y si es una carrera universitaria que se sale de los «parámetros sociales establecidos» para cualquier género, las críticas caerán como aguacero en mayo.

Después de empezar la universidad nos preguntarán: «¿cuándo te gradúas?», «¿tienes novio/a?». Entienden que si estamos cursando una carrera universitaria es obligatorio tener novio/a. Y vuelve la burra al trigo: «¿te vas a quedar jamón/a»?

Si nos graduamos y tenemos novio/a: «¿cuándo es la boda? Y cuando nos casamos, no dejan que disfrutemos bien la luna de miel, y nos preguntan: «¿cuándo tendrán el primer niño/a?». Tenemos el primer hijo o hija y de una vez, «¿cuándo tendrán el segundo?». Y si tenemos el segundo: «¿ustedes no ven televisión?». Es necesario que seamos asertivos/as; la confianza en nuestras propias capacidades y la seguridad que reflejamos con nuestras acciones puede desarraigar naturalmente la presión social, ya que el temor a la vergüenza y el temor a no ser aceptados, son dos de las razones principales por la que las personas ceden ante un grupo.

Conocer y respetar nuestros límites, tener amigos/as con los mismos valores e ideales también ayuda a reducir la presión social que podamos sentir; practicar un deporte nos mantendrá alejados/as de esas personas tóxicas; reconocer nuestros valores, creencias, pensamientos y sentimientos nos ayudará a no ceder ante la presión social.

Quienes presionan no entienden que casarse es una de las decisiones más trascendentes de nuestra vida. Si nos casamos o no, debemos hacerlo por nosotros/as mismos/as, no para llenar las expectativas de otras personas. Es importante que quienes asuman esta responsabilidad tengan cierto grado de madurez y dominio de sí mismos, por su propio bien y el de su pareja.

Uno de los elementos más importantes, o el más importante, a parte de la estabilidad financiera (la cual no garantiza que la relación de pareja vaya a funcionar, pues va a depender más bien de la actitud con la que asumamos el compromiso, hijos/as, éxitos profesionales), es la convivencia con esa persona a la que decidimos unirnos.

No tengamos miedo al matrimonio, esta es una etapa más de la vida, o más bien una decisión de cada ser humano. Y si decidimos no casarnos, también es válido, lo importante es que seamos nosotros quienes decidimos.

Algunos tips para decidir si casarnos o no antes o después de los 25:

  • Tengamos claras nuestras metas; es importante saber lo que queremos para nuestra vida.
  • Si tenemos novio/a, construyamos un propósito junto a nuestra pareja.
  • Busquemos nuestro crecimiento personal, espiritual y profesional.

La clave es tratar de sobrellevar todo un poco más con nuestra cabeza y un poco menos con nuestro corazón. Vale la pena mantener la objetividad cuando nos encontremos en una relación, y siempre hagamos las preguntas que nos ayuden a darnos cuenta de las intenciones de nuestra pareja.

¡Enamorarse es una experiencia emocionante y muy hermosa! El noviazgo es para conocerse, y si esto no funciona no se puede dar el siguiente paso. Apresurar las cosas no da buenos resultados y puede ser un grave error. ¡Pensémoslo, analicémoslo y sigamos adelante!

3 COMENTARIOS

  1. Eso comento siempre con mis amigas. Cada etapa de la vida te proporciona una felicidad diferente.Pero vivir esas etapas lo decido yo, porque lo que te hace feliz a ti, no necesariamente es mi felicidad.Puede ser que tener hijos me haga muy feliz pero, no obligatoria mente te haría feliz a ti.Vivir por etapa es mi recomendacuon.

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